jueves, 1 de septiembre de 2011

Tu realidad

 
Ezequiel Morel jamás será comprendido por la gente de su tiempo. Los críticos de arte más reputados califican su pintura como anodina, vacua, fútil, insustancial… Gustan de los adjetivos rimbombantes y la prosa pretenciosa, los críticos de Genteovejuna. Cosa curiosa, eso mismo es lo que le reprochan a Morel; que es demasiado pretencioso. Ellos sabrán de lo que hablan cuando catalogan su obra como arte moderno y, dos párrafos más abajo, dicen que está «pasada de moda».

Como fuere, disiento con ellos. Claro que yo no soy crítico, apenas un humilde comerciante de verduras en un mercado municipal de pueblo. Tal vez por eso puedo opinar con mayor libertad, no tengo por qué ceñirme a lo que está de moda ni preocuparme por no parecer inteligente.

Fundamentalmente, no estoy de acuerdo con la etiqueta de pintor abstracto que le han pegado en la frente.

Interpretación de Txiki González
Ezequiel Morel es un artista miope —miope de verdad, más de dos dioptrías en cada ojo—. Pinta hermosos lienzos cargados de color, agregando un matiz expresivo de gran profundidad en cada trazo. Pinta enormes masas de azul violáceo que fugan a un tono ciruela para luego degradarse imperceptiblemente al rojo más vivo. Pinta formidables aglomeraciones de grises en tonos dispares, salpicados por borrosas manchas verdes y marrones, en armonía musical, que abarcan desde el color de la tierra húmeda hasta el de la arena más caliente. Pinta escalofriantes explosiones de un amarillo indeterminado —casi blanco, casi naranja, casi champán, qué sé yo— que iluminan la escena, a veces de forma rotunda, a veces sutilmente. Pinta borrones de color, luz y oscuridad.

Magníficos paisajes urbanos. Fiel reflejo de lo que ve.

Por eso ofende la etiqueta de pintor abstracto. Sus cuadros son tan realistas como los de Rembrandt, porque su realidad es tan válida como la de cualquiera.

Ezequiel Morel jamás será comprendido por la gente de su tiempo. Un tiempo donde nadie es capaz de ver más allá de lo que algún ministerio ha decidido que está bien ver, porque no hay que hacer ningún esfuerzo para comprenderlo —para disfrutarlo—, porque nos han hecho creer que sólo existe una realidad; la realidad de un país de felices sin perdices.

Yo, con mis 0,75 dioptrías, encuentro la obra de Ezequiel Morel cargada de una belleza inquietante.

3 comentarios:

  1. En el país de los ciegos el tuerto es rey?
    Con 0,75 de atisgmatismo ves bastante bien, yo le metería 2 o 3, mejor. Pero está divertido el cuento. ME gusta.
    Abrazo pibe

    ResponderEliminar
  2. hoy que estoy madrugadora, disfruto de tu blog ivancin. beso grande!

    ResponderEliminar
  3. Luli!!!
    Me encanta tenerte por aquí y que madrugues a las 11 de la mañana!!! Volvé cuando quieras, esta es tu casa.
    Laín:
    Cuando tenés razón, tenés razón. Ya hice desaparecer la referencia al astigmatismo ;)

    ResponderEliminar